Lino, protagonista absoluto de la
novela, está a punto de casarse con Clara y el relato abarca desde los días
anteriores a la boda hasta los meses posteriores. En total, desde mayo hasta
septiembre. Narrado, como suele Landero,
de manera omnisciente, con un toque humorístico y con una prosa natural,
elegante, sencilla; que no simple.
Lino es un personaje típico del
autor extremeño: un hombre normal, uno de tantos pobres diablos que pululan por
cualquier gran ciudad, que busca su lugar en el mundo en un constante deambular
y que, sin comerlo ni beberlo, se ve envuelto un asesinato…
La novela cuenta con las
características que habitualmente aparecen en las novelas del autor de Los juegos de la edad tardía: personajes
cercanos, creíbles; citas literarias; anagnórisis y un grupo de personajes secundarios bien
dibujados. Pero sin duda, el protagonista absoluto de la novela es Lino, el personaje
más redondo (siguiendo la tipología de Forster)
de toda la narrativa de Landero hasta el momento. Eso le convierte en un
personaje más reflexivo, menos dinámico que los de anteriores novelas. De
hecho, esta novela está muy cerca del ensayo, sin llegar a las nivolas
unamunianas. Una novela recomendable, muy recomendable, ya que siempre es una
celebración leer un libro del extremeño; aunque, en mi opinión, algo por debajo
de algunas novelas anteriores.
Por último, seguimos encontrando
errores sintácticos como el muy mencionado en este blog de la pérdida de la “-s”en el pronombre “le” cuando es plural (págs. 76, 86, 119, 151 y 262). Vamos
dando la batalla por perdida, pero a un autor de su nivel se le tiene que
exigir más pulcritud.
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