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lunes, 30 de septiembre de 2013

Adivina, adivinanza (X)

¿Qué película española tiene el siguiente argumento: un padre de familia numerosa está enfermo y a punto de morir; solo uno de sus hijos comprende la  extraña actitud del padre, que se niega a ir a un hospital, y le apoya intentando comprender sus motivos. Este hijo es el último en llegar a reunirse con su familia y además tiene una historia con la chica de su hermano, lo que crea un conflicto entre ambos. El padre y la madre, además, guardan un secreto que se descubrirá, cómo no, al final. La relación entre el padre y la madre lleva varios años rota porque el secreto que ocultan es el origen de sus desavenencias? ¿Te suena, amigo lector?

viernes, 14 de junio de 2013

A Roma con amor. Woody Allen


El otro día tocó cine, algo que suelo hacer muy poco. La cartelera segedana no me seduce mucho. Y cuando por fin veo una película anunciada de mi admiradísimo Woody Allen, no me lo pienso.
La cosa no empezó bien: toda la sala para mí solo. En principio esto no me asusta; el problema viene cuando después de la promo de una película, de cuyo argumento no me quiero acordar, se corta la imagen. Yo, paciente, espero. Al cabo de 6 o 7 minutos, me levanto y le digo a la chica de la taquilla que allí no aparece nada. Sube y, al cabo de 5 minutos, ya se empieza a ver algo. Total, 15 minutos de retraso.
La película, tal como me la esperaba: una postal más de las últimas que el neoyorquino se dedica a vender por Europa. Tres historias independientes que en ningún momento se entrecruzan, como suele ser habitual, y se van intercalando con la ciudad eterna como fondo. Es más (y esta es una de las novedades de la película), llevan ritmos distintos: mientras dos de ellas se desarrollan a lo largo de semanas, otra ocupa solo una mañana y parte de una tarde. La verdad es que la película suena a déjà vu. Aparece un Alec Baldwin en el mismo papel que hace muchos años hacía en Sueños de un seductor un trasunto de Bogart, aconsejando a un joven amante. Son recurrentes sus chistes sobre comunistas, el arte contemporáneo o su fragilidad casi enfermiza. El tema, ya tratado en Celebrity y otras películas, es la fugacidad y vanidad de la fama: un sencillo oficinista (Roberto Benigni) se ve de buenas a primeras seguido por un aluvión de paparazzi, que le convierten en una celebridad; un padre de familia que canta ópera de maravilla…pero solo debajo de la ducha, así que su consuegro (Woody Allen) le lleva de gira y sale al escenario en plena ducha para evitar el miedo escénico; y la historia de una pareja provinciana que tiene ideales de hacerse un hueco en la gran ciudad, pero en su primera mañana en Roma vive una serie de peripecias (infidelidades incluidas) que le hace replantearse su futuro en  la capital italiana.
En fin, una decepción. Lamento mucho decirlo, pero a Woody Allen hay que pedirle más. Mucho más.

miércoles, 29 de mayo de 2013

La mula

El otro día fui a ver La mula. No había oído hablar de ella, a pesar de lo premiada que salió del Festival de Cine de Málaga. Cuando uno va al cine sin expectativas, al menos a mí me pasa, suele encontrar pequeñas joyas cinematográficas. Siento decir que no ha sido este el caso.
De momento, el título ya me recordó a la grandiosa obra de Berlanga sobre nuestra guerra. Alguien me había comentado que la película se situaba en la guerra. Aunque a decir verdad son muy diferentes, la presencia de La vaquilla está latente en toda la película: desde el título, hasta el cruce de bando de algunos personajes, la desmoralización del contrario desde las trincheras, pasando por el intercambio de papel y tabaco entre los soldados de ambos bandos o la historia de amor (acción colateral que, en mi opinión, no aporta nada a la película, salvo la presencia femenina, indispensable en cualquier película). Se queda a medio camino entre el drama y la comedia, que, en mi opinión, es lo peor que le puede pasar a una película. La equidistancia con que son tratados ambos bandos (aunque se narra desde el punto de vista del bando nacional) deja a la película en tierra de nadie; sin moralina, es cierto, pero sin profundidad.
Ha sido muy alabado el papel de Mario Casas, que rompe con el esterotipo de galán joven que venía arrastrando; especialmente su marcado acento jienense, muy conseguido. No puedo decir lo mismo de su compañera (creo que en la vida real también lo es), María Valverde, que, según las escenas, seseaba o no. Merece la pena destacar el gran papel de Secun de la Rosa, especie de Sancho Panza de ese Quijote con  mula que es Mario Casas.
Hay quienes han hablado de fallos de racord, de la iluminación, etc; pero aquí nos vale con lo comentado ya.
Como las comparaciones son odiosas, según el aserto popular, no entraremos en más detalles sobre esta película, que se deja ver. Pero el anónimo director de esta película (filmada por un director y montada por otro) dista bastante del talento genial del valenciano autor de La vaquilla.

lunes, 27 de mayo de 2013

Cartujano y Limeño

Lidia benéfica en Cardeña (Córdoba), de 1928














Magnífica fotografía sacada de El País, propiedad del coleccionista malagueño Juan Antonio Fernández Rivero, que posee más de 42000 fotografías del siglo XIX y principios del XX. 
No he podido evitar recordar una afamada película española. ¿A que no es difícil, amigo lector?

lunes, 1 de abril de 2013

Filmoppk (VIII). Amanece que no es poco


José Luis Cuerda realizó esta película en 1988. No recuerdo que tuviera una gran campaña publicitaria. Poco a poco se extendió la orden: “tienes que verla”. Una vez más, el boca a boca como la mejor propaganda posible. Al cabo de 25 años se ha convertido en una película de culto, con comentarios en blogs, con perfil facebook, con quedadas en los pueblos de Albacete donde se rodó…
A mí me la recomendó, a toro pasado, un amigo. En cuanto pude verla en vídeo, la vi. No sé cuántas veces la he visto desde entonces. Tuve durante años un curso de cine para mis alumnos. Alguna vez la puse, pero las referencias culturales se les escapaban. No funcionó, pero seguro que si la vieran ahora…
Siete años después, Cuerda nos ofreció Así en el cielo como en la tierra, con un humor muy parecido; pero a los que ya habíamos visto Amanece que no es poco nos supo a poco (valga la redundancia). Aun así, se deja ver.
La literatura tiene un papel importante: gracias a entablar una charla sobre Dostoievsky dos personajes consiguen posada; el escritor argentino que vive en el pueblo es encarcelado porque, sin querer, todo lo que escribe le sale clavado a Faulkner; un camarero que, mientras seca los vasos, diserta sobre la poesía de Kavafis; un labrador intelectual que no deja leer sus novelas a incultos para que no se las estropeen…
Entresacar, como hemos hecho en otros comentarios, frases de esta película es un ejercicio imposible. No tiene ni una sola frase de desperdicio, pero me atreveré a dejar algunas perlas (lo haré de memoria) para quienes no la hayan visto todavía:
-“Faulkner es el autor más admirado en este pueblo” (guardia civil interpretado por Saza)
-“Pues yo me voy a sacar la chorra” (borracho impotente interpretado por Miguel Rellán)
-“Alcalde, nosotros somos contingentes, pero tú eres necesario” (el pueblo recibiendo al alcalde)
-“Hala, a hacer flash-back todos” (el alcalde –Rafael Alonso- dirigiéndose al pueblo)
-“Ea, cojito para toda la vida” (hombre-planta -Ferrán Rañé- que fue arrancado antes de tiempo por la labradora –Pastora Vega-)
-¡El señor alcalde nos toca las pelotas! (líder estadounidense interpretado por Gabino Diego)

Un cerdo que lleva, no se sabe para qué, en sus brazos Luis Ciges; una guitarra que, a pesar de chupar mucho plano, nunca es tocada; una iglesia con lleno día tras día por el levantamiento de hostia del cura; un actor que no tiene personaje; el monólogo del labrador con la calabaza; la parturienta precoz (a los 10 minutos de copular)…Todo es absurdo. Todo es genial.
La escena final con el sol amaneciendo por el oeste es antológica: “Me cago en el misterio” –grita Saza apuntando al sol con su arma reglamentaria.

Dudo, querido lector, que no la hayas visto. Pero si es así, ya estás perdiendo el tiempo.

domingo, 3 de febrero de 2013

Filias y fobias (VIII). Woody Allen


Alguien ha dicho alguna vez que este neoyorkino es muy repetitivo; siempre hace las mismas películas. Habría que aplicar en este caso el aserto de que “un escritor siempre está escribiendo el mismo libro”, pero con matices, variantes. El poeta Valéry ya dijo aquello de que “un poema no se termina, se abandona”. El propio Juan Ramón Jiménez consideraba su obra completa como una obra total, en continuo crecimiento: matizando, retocando, quitando, añadiendo veresos y poemas a lo que él llamaba su Obra. Es decir, un autor hace una obra coherente moldeándola y retocándola.
Pues bien, Woody Allen tiene películas que pueden parecerse entre sí: recordamos chistes que no sabemos muy bien en qué obra colocar. Pero si aplicamos lo dicho en el párrafo anterior a su Obra (así, con mayúsculas), convendremos en que es una obra de altura, con un constante (hace una película al año invariablemente) trabajo y con pocos picos; siempre a un nivel más que aceptable. Ya lo he dicho en otro sitio: cualquier mala película de Allen figuraría como obra maestra en la filmografía de cientos de cineastas.
Sí, es verdad, sus temas son siempre los mismos: el amor, el sexo, la muerte, las relaciones humanas… ¿Pero es que hay temas más importantes que esos? El género humano lleva milenios dándoles vueltas a los mismos temas.
Una vez más, un judío entre mis preferencias cinéfilas. Yo les recomendaría de su amplia y excepcional obra: Maridos y mujeres, Balas sobre Broadway, Match point, La Rosa púrpura de El Cairo, Zelig, Misterioso asesinato en Manhattan… Y un puñado más. 
Ah, solo me aburre cuando se pone bergmaniano. Ahí, no lo soporto.

jueves, 10 de enero de 2013

El cuerpo


Ayer vi  El cuerpo, dirigida por el debutante Oriol Paulo. Los personajes protagonistas forman un trío nada amoroso. Álex (Hugo Silva) ha enviudado repentinamente de su acaudalada mujer Maika (Belén Rueda) y, horas más tarde, su cuerpo desaparece de la morgue. El inspector Peña (José Coronado) tratará en las horas siguientes de desvelar el misterio del cuerpo desaparecido.
La película es un thriller con cierto aire del cine de terror (hay que tener en cuenta que el director y Belén Rueda ya trabajaron juntos en Los ojos de Julia). Algún que otro homenaje a Hitchcock (muy patente en la escena de Álex subiendo una copa de vino a su mujer por la escalera, como ya hiciera Cary Grant en Sospecha, amén del paralelismo entre los personajes principales de ambas películas), a Kubrick (con la música que suena de vez en cuando como enlatada y etérea como ya hiciera el neoyorkino en El resplandor) y un cierto paralelismo, que me callo para no dar pistas, con Muerte de un ciclista de Bardem.
La tensión no es tal; la interpretación es, a veces, sobreactuada, y el argumento es tan enrevesado e intenta sorprender tanto que para cuadrarlo todo hay que hacer muchos giros y el espectador ha de ser muy benevolente con el guión. La película entretiene, pero no consigue el clímax que pretende. A medida que va avanzando la historia, se dejan ver flecos sueltos; luego, a la salida del cine, repasas mentalmente la película y se te viene abajo.
En fin, una película fallida, en mi opinión. Si la ves un sábado por la tarde en el sofá de casa pasas un buen rato, pero si para verla tienes que salir de casa un día de diario por la noche en invierno… no estoy seguro de que merezca la pena el esfuerzo.