viernes, 14 de junio de 2013

A Roma con amor. Woody Allen


El otro día tocó cine, algo que suelo hacer muy poco. La cartelera segedana no me seduce mucho. Y cuando por fin veo una película anunciada de mi admiradísimo Woody Allen, no me lo pienso.
La cosa no empezó bien: toda la sala para mí solo. En principio esto no me asusta; el problema viene cuando después de la promo de una película, de cuyo argumento no me quiero acordar, se corta la imagen. Yo, paciente, espero. Al cabo de 6 o 7 minutos, me levanto y le digo a la chica de la taquilla que allí no aparece nada. Sube y, al cabo de 5 minutos, ya se empieza a ver algo. Total, 15 minutos de retraso.
La película, tal como me la esperaba: una postal más de las últimas que el neoyorquino se dedica a vender por Europa. Tres historias independientes que en ningún momento se entrecruzan, como suele ser habitual, y se van intercalando con la ciudad eterna como fondo. Es más (y esta es una de las novedades de la película), llevan ritmos distintos: mientras dos de ellas se desarrollan a lo largo de semanas, otra ocupa solo una mañana y parte de una tarde. La verdad es que la película suena a déjà vu. Aparece un Alec Baldwin en el mismo papel que hace muchos años hacía en Sueños de un seductor un trasunto de Bogart, aconsejando a un joven amante. Son recurrentes sus chistes sobre comunistas, el arte contemporáneo o su fragilidad casi enfermiza. El tema, ya tratado en Celebrity y otras películas, es la fugacidad y vanidad de la fama: un sencillo oficinista (Roberto Benigni) se ve de buenas a primeras seguido por un aluvión de paparazzi, que le convierten en una celebridad; un padre de familia que canta ópera de maravilla…pero solo debajo de la ducha, así que su consuegro (Woody Allen) le lleva de gira y sale al escenario en plena ducha para evitar el miedo escénico; y la historia de una pareja provinciana que tiene ideales de hacerse un hueco en la gran ciudad, pero en su primera mañana en Roma, vive una serie de peripecias (infidelidades incluidas) que le hace replantearse su futuro en  la capital italiana.
En fin, una decepción. Lamento mucho decirlo, pero a Woody Allen hay que pedirle más. Mucho más.

2 comentarios:

  1. Totalmente de acuerdo, PPK. Pero también es verdad una cosa: para mí, en mi relación agónica con el cine, ha llegado un momento en el que la tontería más gorda de Woody Allen es gloria bendita. Y también hay otro tema: las películas de Woody Allen, a mí me crecen solas con el tiempo. Digo "solas" en el sentido de que crecen en mi juicio sin necesidad de volver a verlas. Espera unas semanas/meses a ver si después de acordarte mil veces mientras te duchas del cantante, no te pasa como a mí y empiezas a verlo cada vez más genial.

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    1. Lo del cantante sí me arrancó una sonrisa...por disparatado. Pero eché en falta la chispa de sus diálogos. Sólo esbocé alguna sonrisa cuando hizo algunos chistes sobre la funeraria y su atávico terror a la muerte.
      Pero, la verdad, Swann, no engañemos a nadie, es mala.

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