martes, 20 de diciembre de 2011

¿Indignacion? No, simplemente asco.

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Siempre he pensado que nunca ningún millonario lo es de forma honrada. Hoy me lo corrobora una noticia. Veo en televisión que el Gobierno de Brasil llega a un acuerdo con Inditex (propiedad de Amancio  Ortega, séptimo hombre más rico del mundo) para evitar problemas más graves. El asunto de fondo es que esta empresa española sitúa sus fábricas en países emergentes o subdesarrollados porque la mano de obra es más barata. Hasta aquí nada extraño: así funciona el capitalismo. Pero que, aprovechando la pobreza de un país, se ponga a menores a trabajar en condiciones de semiesclavitud sobrepasa todos los límites que deberíamos permitir. Además, parece ser que no es la primera denuncia a esta empresa.
¿Indignado? No, asqueado.
¿Será que no es posible otro mundo?



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